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Hoy pondremos punto y final a este pequeño repaso que hemos hecho de los destinos que nos esperan en nuestros próximos viajes. Y acabamos este tour con el plato fuerte. Un lugar donde el buceo está presente todo el año, un pequeño paraíso en el océano Pacífico… La Isla Malapascua, en Filipinas.

Las condiciones que nos ofrece esta Isla son inmejorables para disfrutar del buceo durante los 365 días del año. Sus aguas rondan entre los 26 y los 29 grados, temperaturas ideales para disfrutar del fondo marino de este mágico lugar. Este es uno de los principales motivos por el cual la Isla Malapascua se ha convertido en uno de los principales destinos de buceadores europeos y australianos.

El origen del descubrimiento de esta zona es un tanto curioso. Nos trasladamos a la Navidad de 1520… Sí, ha llovido un poco. Un barco tripulado por colonizadores españoles quedó varado en esa isla por culpa de las inclemencias meteorológicas que asolaban la isla. Los tripulantes de la embarcación, enfadados y disgustados por perderse unas fechas tan señaladas estando tan lejos de sus familias, dieron el nombre de Malapascua a la Isla. Desde ese instante, los no residentes en ella la llamaron de ese modo. Tan solo los lugareños la llamaban por el otro nombre con el que se la conocía: Logon.

Son muchas las ventajas de practicar el buceo en estas aguas. Por lo general, la costa de la Isla Malapascua es bastante tranquila y no está demasiado masificada por el turismo.

Otra gran ventaja es el tipo de vida y ambiente que se respira allí. Malapascua no deja de ser una pequeña población sencilla y tranquila compuesta por gente amable y familiar, en la que podremos toparnos, por ejemplo, con cerdos o gallos campando a sus anchas por sus calles sin asfaltar en la zona más interior de la isla. Pese a ser  un lugar humilde y lleno de sencillez la isla cuenta con wifi prácticamente en todo su territorio.

¿Queréis todavía más motivos para no perderos este viaje? Poder observar tiburones mientras buceas parece un buen motivo. La Isla Malapascua es hogar del tiburón zorro que, con su cola en forma de garfio, es una de especies de escualo más curiosas y bonitas del mundo. Y no solo observarlos, ¿qué tal nadar entre ellos? Tranquilos, son tiburones pero no hay por qué asustarse. No debéis imaginaros a la típica bestia depredadora que tanto respeto infunde, esta especie se alimenta de plancton, por lo que no debéis preocuparos.

Disfrutareis de inmersiones en Monad Shoal o Kemod Shoal, dos islas sumergidas que tan solo dejan ver una parte elevada. En el caso de la Kemod Shoal, la parte exterior es de aproximadamente unos 15 metros, pero cuenta con una parte sumergida de unos 200 metros.

No dejéis escapar esta oportunidad y, sobre todo, ¡evitad que os lo cuenten! Que luego la envidia puede ser muy mala… Vividlo en primera persona del 2 al 12 de diciembre.

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